RENDIMIENTOS DEL CAPITAL MOBILIARIO

En el caso de rendimientos procedentes de operaciones de capitalización, de contratos de seguro de vida o invalidez y de rentas derivadas de la imposición de capitales, cuando se perciba en forma de capital diferido, el rendimiento del capital mobiliario vendrá determinado por la diferencia entre el capital percibido y el importe de las primas satisfechas.

Si el contrato de seguro combina la contingencia de supervivencia con las de fallecimien- to o incapacidad y el capital percibido corresponde a la contingencia de supervivencia, podrá restarse también la parte de las primas satisfechas que corresponda al capital en riesgo por fallecimiento o incapacidad que se haya consumido hasta el momento, siempre que el capital en riesgo sea igual o inferior al 5% de la provisión matemática durante toda la vigencia del contrato.

Una opción para invertir son los planes de ahorro a largo plazo (PALP), hasta 5.000 euros anuales. Se trata de un producto financiero con ventajas fiscales, ya que están exentos los rendimientos generados, siempre que las aportaciones y la rentabilidad acumulada se perciban en forma de capital y el contribuyente no disponga de la inversión —total o parcialmente— antes de cinco años desde la fecha de contratación.

También con la inversión en Planes de Ahorro Sistemático (PIAS) se pueden obtener ventajas fiscales, ya que tienen una reducción en función de la edad cuando se rescatan, una vez transcurridos cinco años desde la primera aportación, al tener el tratamiento de renta vitalicia inmediata.

Se deben incluir, como rendimiento de capital mobiliario, los regalos que ofrecen las entidades bancarias por la constitución de depósitos, planes de pensiones, etc. Se valorarán por el valor de mercado más el ingreso a cuenta correspondiente.

Como en los rendimientos anteriores, los rendimientos netos con un periodo de generación superior a dos años o que se califiquen reglamentariamente como obtenidos de forma notoriamente irregular en el tiempo, se reducirán en un 30%, cuando, en ambos casos, se imputen en un único periodo impositivo. La cuantía del rendimiento neto sobre la que se aplicará la reducción no podrá superar el importe de 300.000 euros.